Siento aún después de muchos siglos el olor
del opio en mis manos
Siento esta tibia zozobra de un segundo después
Siento miradas, espirales del tiempo que
vienen hacia mí
Pedacitos de fuego con caras maquiavélicas que
se desboronan de pronto
Siento la voz de todos los poetas terminando
sus libros en mi cabeza
Te siento correr en mis venas, como contaminas
mi sangre con tus deseos.
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